Aire, Olga Subirós Studio

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Una producción del Institut Ramon Llull para la participación de Cataluña en la 17ª Bienal de Arquitectura de Venecia (2021) para el espacio Catalonia in Venice (310 m2), Calle de Quintavale, 40A, Venecia.

Valoración del jurado:

Reconocemos el valor del gesto arquitectónico en el contexto de una intervención en un pabellón, en el que a menudo se abusa de la gestualidad. También destaca el equilibrio entre esencialidad y sofisticación, y la relación entre la arquitectura y el despliegue visual (gestión del tiempo, el sonido, la luz y el movimiento). Juntos, generan una intensa experiencia sensorial, más compleja que la que ofrece el gesto arquitectónico en sí mismo. También consideramos muy acertada la conexión entre el contenido y las características formales y atmosféricas del pabellón.

Memoria

La instalación «Aire» utiliza pocos y eficaces recursos espaciales para comunicar la crisis de salud pública relacionada con la contaminación del aire y las acciones necesarias y urgentes para un diseño urbano justo y saludable.

Es la formalización espacial del proyecto comisariado por Olga Subirós para la participación de Cataluña en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2021. La propuesta presenta los resultados de la investigación urbana encargada al equipo de 300.000 km/s (fundado y dirigido por Pablo Martínez y Mar Santamaria) y la investigación musical encargada a Maria Arnal y John Talabot.

Se crea una experiencia multisensorial centrada en un dispositivo colgado en el centro del espacio, que actúa como catalizador de diversas experiencias destinadas a la sensibilización. El dispositivo consiste en dos pantallas de tamaños poco convencionales dispuestas en paralelo formando un pasillo blanco e iluminado.

Este pasillo muestra la materialidad del aire contaminado: una selección de filtros de contaminación atmosférica de la red de vigilancia de la calidad del aire que gestiona el gobierno de la Generalitat de Cataluña. En las dos pantallas se proyectan contenidos diferentes: a la derecha, la contaminación atmosférica global y, a la izquierda, la contaminación atmosférica en Barcelona y propuestas de actuación.

La inmersión musical en el espacio se interrumpe con tres breves momentos de silencio en los que las pantallas se vuelven totalmente negras, oscureciendo el espacio; en rojo, creando un momento de alarma; y en blanco, inundando el espacio de luz. La percepción del espacio cambia radicalmente cuando los visitantes empiezan a experimentar sensaciones auditivas no musicales en el pasillo.

El diseño del espacio es también el diseño del recorrido del visitante por la exposición.

El espacio se pone a disposición del visitante, que puede elegir entre recorrer el pasillo o quedarse fuera. Tomar la decisión de entrar ya indica una disposición a recibir el contenido que se presenta: las partículas que inhalamos pero que no podemos eliminar y que proceden de los combustibles fósiles. Por otra parte, el uso de la configuración del pasillo lleva a los visitantes a percibir los audiovisuales no como una abstracción sino como datos habitados.

El diseño del espacio es también el diseño del contenido audiovisual para impactar en el espacio.

El espacio cambia radicalmente de color y de intensidad luminosa en tres momentos:

– Imagen negra: la pantalla se vuelve negra para mostrar el texto «2.100 muertes/año en Barcelona por contaminación del aire» (pantalla izquierda) y «7.000.000 de muertes/año en el mundo por contaminación del aire» (pantalla derecha)

– Imagen roja: la pantalla se vuelve roja y muestra la pregunta «¿Cómo sobreviviremos juntos?»

– Imagen blanca: al principio y al final del material audiovisual, se muestra el logotipo «air» en negro. La imagen se convierte en un punto negro, que representa la contaminación del aire.

El diseño del espacio es también el diseño del paisaje sonoro.

La instalación ofrece varias experiencias sonoras organizadas en el espacio y en el tiempo:

– Sonido inmersivo: la música procede de las pantallas. Se han instalado 60 altavoces a lo largo de las dos pantallas de 12 metros. Las propias pantallas son como enormes altavoces con innumerables matices, ya que los distintos canales de sonido ofrecen diferentes experiencias en función de la posición y el movimiento de los visitantes por el espacio.

– Sonidos momentáneos (pasillo): en el pasillo, los visitantes escuchan los sonidos de la respiración procedentes de los filtros circulares de contaminación del aire mientras sienten las vibraciones de los subgraves de la banda sonora general.

– Banda sonora con aria: Subirós encargó a Maria Arnal y John Talabot la creación de una banda sonora de ocho minutos dividida en tres partes. La primera y la segunda parte forman un crescendo electrónico en el que los sonidos vocales se entrelazan con los ritmos, algunos de los cuales se basan en bases de datos de patrones de contaminación atmosférica. El crescendo culmina en la tercera parte, que es un aria contemporánea sobre el aire como bien común.

Publicación y entrevista a Olga Subirós en #LaHoraArquine sobre el pabellón Air/Aria/Aire
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